31/01/2012
Sensual y estimulante, estirada en el sofá, Evilyn disfruta de un helado, metiéndolo en su boca, chupando despacio, relamiéndolo con su lengua de arriba abajo, saboreándolo, lasciva y pecaminosa. Pero por mucho que lo intente eso no calmará su sed, no saciara su apetito. Es un impulso, un deseo que viene de más adentro, que moja sus braguitas, que sus deditos buscan satisfacer, pero no basta. Suerte que llega Ramón dipuesto a saciarla. Y es que a nadie le amarga un dulce, y mucho menos, un bollito, menos aún uno tan exquisito como el de Evilyn Fierce.